05-Mayo-2009
El cartero que podría gobernar Francia
Carmen Álvarez
Entrevista con Olivier Besancenot, cartero, licenciado en historia y autor de libros como Tout est à nous !; Révolution ! y 100 mots pour changer le monde
A primera vista, el discurso incendiario de Olivier Besancenot, el rostro visible del Nuevo Partido Anticapitalista (NPA), se asemeja a la que los movimientos ultraizquierdistas expresan en sus páginas electrónicas. No así sus logros electorales, ni su creciente presencia en la escena pública francesa y global. Así lo evidencian las últimas encuestas de febrero y el creciente interés que el personaje despierta, lo mismo en los blogs anarquistas y de organizaciones sociales protectoras de la Tierra, que en la prensa internacional más influyente, como The New York Times, The Financial Times, Der Spiegel, The Guardian, Le Monde, por citar algunos ejemplos. Es el joven que surge de la resaca del capitalismo como una opción de salvación.
“No estamos todavía ante el fin del capitalismo, porque aún no hay fuerzas suficientemente creíbles e importantes como para derribar ese sistema y construir otro, el socialismo”, subrayó en entrevista por correo electrónico el líder más reconocido de la llamada “extrema izquierda” francesa.
Sin embargo, el sondeo de BVA-Leo Burnett para la cadena BFM y el diario La Tribune, por ejemplo, empezó a poner muy nerviosa a la clase política gala al revelar que 43 por ciento de los entrevistados respondió que él es quien “mejor se ocupa de los problemas de los franceses”. Sólo 28 por ciento de los consultados opinó lo mismo del presidente Nicolas Sarkozy.
Pero la izquierda moderada ya estaba nerviosa desde que este cartero del elegante barrio parisino de Neuilly Sur Seine, siendo un total desconocido, catapultó a la Liga Comunista Revolucionaria (LCR) surgida de los restos de las revueltas de Mayo del 68, a la séptima posición de los 16 partidos de su país.
Porque en ese entonces, a sus 27 años, Besancenot se convirtió en el candidato más joven de la historia electoral de Francia con 4.25 por ciento de los sufragios, y pisaba ya los talones de François Bayrou, de la Unión para la Democracia Francesa, quien lo rebasó con una modesta ventaja de 2.59 por ciento.
En las elecciones presidenciales de 2007 dio un salto adicional para pasar a la quinta posición, detrás a Jean Marie Le Pen, del Frente Nacional, ubicado en la extrema derecha del espectro político francés.
Mientras tanto, el Partido Socialista (PS) perdía la Presidencia por una distancia de 5.31 por ciento frente a Sarkozy que captó 31.18 por ciento de la votación.
International Viewpoint ha destacado el poder de convocatoria del joven líder subrayando que el 20 de noviembre de 2008 sacó a la calle a 700 mil personas en 148 manifestaciones en todo el territorio francés para defender al sector público.
En opinión del cartero de Neuilly, los espacios políticos se ganarían si su partido conserva su esencia como una formación política popular y anticapitalista.
Besancenot festejó el 18 de abril su cumpleaños 35, en Tel Aviv, y desde allá compartió con los lectores de Excélsior los principios que lo animan a buscar cambios estructurales en la escena política de Francia, a través del Nuevo Partido Anticapitalista que hoy representa.
—¿Cuáles son las oportunidades y trampas derivadas de la agonía del capitalismo al estilo estadunidense y cómo evitar que ese poscapitalismo no sea peor de lo que empezamos a ver con la supresión de empleos, los paracaídas dorados, la mayor concentración de la riqueza entre un número aún más pequeño de privilegiados, el desempleo, la violencia, el hambre, las epidemias?
—Se trata efectivamente de una crisis más o menos generalizada del modelo neoliberal estadunidense, que se traduce en una compresión de los salarios para el polo de la sociedad que alimentó la explosión de utilidades para el otro polo social. Entonces la gente que no tenía dinero se endeudó y el sistema reventó, mientras los que acumulaban ganancias querían todavía más y no invertían en la producción, sino en los mercados financieros, lo que resultó en una mayor especulación, más paraísos fiscales, más capital ficticio y menos producción real.
Hasta que de pronto estalló la crisis de sobreacumulación de más capital que al ser inyectado a algunos sectores causó, a su vez, la crisis de sobreproducción, por el simple hecho de que la gente ya no tiene poder de compra y los salarios ya no alcanzan para consumir, dejando a las empresas con inventarios que ya no pueden vender.
Entonces estallan más crisis con despidos masivos, reducciones salariales adicionales y la explosión del desempleo.
Para mí la conclusión es clara: este sistema nos pone frente al paredón. Aunque no es el fin del capitalismo, porque no hay todavía fuerzas lo suficientemente creíbles e importantes para derribar este sistema y construir otro, el socialismo. No obstante, la meta es acabar con ese sistema.
—Angela Merkel habla, por ejemplo, de más regulaciones para el sistema financiero. ¿Es un buen principio de solución?
—Estamos a favor de todas las reivindicaciones parciales que podamos arrancar al capitalismo, los impuestos a los movimientos de capital, la supresión de los paraísos fiscales, los planes de rescate para los asalariados y para los pueblos, pero no a la banca, por ejemplo.
Sin embargo, nada de eso tiene que ver con las regulaciones que proponen la señora Merkel o Sarkozy porque sus regulaciones no tocan el poder de los patrones, de los accionistas ni de los grandes bancos.
Incluso cuando ella habla de regulaciones no llega a ponerlas en marca. Vea por ejemplo lo que sucede con los paraísos fiscales: la medida propuesta es solicitar que se declaren ante la justicia de los países de origen las cuentas de banco de tal empresa, banco u operaciones en tal o cual paraíso fiscal. Pero el caso es que ¡los paraísos fiscales seguirán funcionando!
La medida que se debe tomar es sencilla: cerrar los paraísos fiscales. El pequeño detalle es que es este tipo de regulación es precisamente la que ni los gobiernos ni las grandes potencias quieren adoptar, debido a que hay mucha imbricación entre las grandes multinacionales y los paraísos fiscales.
Y si realmente se quieren tomar medidas serias contra la financiarización de la economía habrá entonces que atacar el núcleo del capitalismo.
—Se acusa a los países más desarrollados de apoderarse de las riquezas que quedan en un planeta sobrepoblado. Los recursos naturales, como los bosques de los países más débiles, con el pretexto del control de las emisiones de CO2, los grandes lagos, el control de los ríos, el petróleo, el uranio. ¿Es verdad o hay un poco de victimización?
—No hay ninguna victimización. Las grandes potencias quieren tomar el control de los recursos naturales que están en los países más débiles. El petróleo, el agua, el gas, los bosques. Podemos decir incluso que estamos asistiendo a un movimiento de recolonización de esos países para el control de sus recursos.
Desde ese punto de vista, las medidas tomadas por los gobiernos de Hugo Chávez, en Venezuela, y de Evo Morales, en Bolivia, son progresistas.
—¿Qué hacer entonces frente a la privatización del agua, por ejemplo?
—Hay que desprivatizar. Hay que nacionalizar los recursos naturales para ponerlos bajo el control de las poblaciones porque lo que está en juego es la soberanía nacional y popular. Estoy a favor de que los pueblos retomen el control de la tierra y de las producciones correspondientes y de que no la dejen en manos del imperialismo estadunidense o europeo.
—¿Si usted fuera Presidente de Francia, cuál sería su política hacia México, pero también hacia Estados Unidos, Canadá, Venezuela, Brasil y América Latina en general?
—Siempre he hecho la diferencia entre los pueblos y los gobiernos. Estamos a favor de una mejor cooperación entre todos los pueblos del mundo. También he hecho siempre la diferencia entre el pueblo estadunidense y los gobiernos de Estados Unidos.
Del mismo modo, yo defiendo la revolución cubana contra la administración estadunidense.
—¿Cuál sería su política hacia la OTAN, Rusia, China, India, Japón, Singapur y, en general, los países más desarrollados de Asia y de África?
—Estamos a favor del retiro de Francia de la OTAN, y en términos más generales, del desmantelamiento de la OTAN.
—¿Está usted de acuerdo con la lucha antiterrorista en Afganistán?
—No, estoy a favor del retiro de todas las tropas extranjeras de Afganistán empezando por las tropas francesas.
Estoy a favor de la autodeterminación del pueblo afgano.
—Como partido de oposición, ¿qué puede hacer el NPA para seguir en contacto permanente con las raíces de la sociedad y ayudar a recuperar espacios para las mayorías? ¿Cuáles serían los espacios prioritarios que habría que tratar de recuperar a pesar de las dificultades que ello implica?
—Seguir siendo lo que somos: un partido popular y anticapitalista. Un partido del que millones de personas que sufren digan que son como nosotros y defiendan verdaderamente nuestros intereses. Lo más importante ahora es construir una movilización social para impedir que los patrones nos hagan pagar la crisis. Hay que defender el empleo, prohibir los despidos, aumentar los salarios, rescatar los servicios públicos, nacionalizar la banca para dejarla bajo el control popular, arrancar a los patrones el poder que tienen sobre la economía para preparar una salida anticapitalista a la crisis actual.
—¿Y qué hacer para construir puentes con la izquierda? A usted lo acusan de vivir por encima de la media y de no estar buscando un cambio de fondo.
—Yo trabajo en el correo (postal) y gano mil 200 euros al mes, el salario de cualquier cartero. Lo demás son calumnias de la extrema derecha…
— ¿Qué se puede hacer para enfrentar o superar el divisionismo de la izquierda en el mundo entero?
—Proponer la unidad de acción de toda la izquierda social y política contra la derecha y los patrones, aunque al mismo tiempo hay que reunir a todas las fuerzas anticapitalistas que no quieren quedar enmarcadas en un gobierno o dentro de regímenes que aceptan el neoliberalismo.
—¿Es un crimen extender la mano a todos los partidos y a las fuerzas de la sociedad? ¿Cuáles son los riesgos? En fin, ¿cómo se puede gobernar en el siglo XXI? ¿Cómo encontrar puntos de apoyo? ¿Cómo convencer a aquellos que desconfían y que ya no quieren votar en las elecciones? ¿Cómo calmar a los intolerantes y a los demasiado poderosos? ¿Cómo hacer política en un mundo dominado por el marketing y los Estados que son considerados como “mercados”?
—Hay que recuperar el deseo de cambiar este mundo.
No sólo de resistir contra los perjuicios que causa el capitalismo, sino inventar una nueva alternativa anticapitalista, una nueva manera de producir, de consumir, de nuevas formas de propiedad social y colectiva, una democracia socialista que sea el gobierno del pueblo para el propio pueblo.
En una palabra, una revolución en masa, consciente, democrática que arrase con el capitalismo y que comience a construir el socialismo del siglo XXI.